Josep Borrell
Señoras y señores Ministros, autoridades, señoras y señores;
Hace 2 años, en este día, estaba en Auschwitz, junto con los Jefes de Gobierno de los países de la Unión, celebrando el aniversario del campo, y nos preguntamos ¿Cómo pudo ocurrir? ¿Cómo pudo ser posible?
Que seres humanos civilizados juntos, creyesen que otros seres humanos no merecían la condición de tal, y debían ser exterminados de forma tan brutal como científica ¿Cómo pudo ser posible? ¿Cómo pudo ocurrir? Y sin embargo, ocurrió.
Y las heridas siguen abiertas en la geografía de Europa. Estuvimos en Oshpitzim, en el sur de Polonia, recorriendo las calles de lo que fue su barrio judío, que estaban prácticamente como estaban cuando fue vaciado a la fuerza, desiertas, con las casas deshabitadas porque desde entonces se convirtió en un lugar fantasma, al que nadie volvió; ni los que de allí fueron sacados a la fuerza, para ir a la muerte, ni los vivos, que seguramente deben ver en ese lugar, un espacio sacrificial, difícil de volver a habitar. Sin embargo, nosotros los europeos, hemos vuelto a habitar los lugares del sacrificio y Europa se ha construido también sobre las cenizas de los campos de concentración. Europa se ha hecho también, para resarcir de la historia tanta ignominia. La Unión Europea se ha construido sobre la voluntad, de que estos hechos no pueden nunca volver a ocurrir, y seguramente no han vuelto a ocurrir, gracias a la existencia de esta unidad, porque no hay nada más fácil que volver a soplar sobre las cenizas del odio, que se creían apagadas, para que vuelvan a encenderse. Y tenemos nuevos ejemplos a nuestro alrededor, porque parece como si no hubiéramos aprendido todavía, porque no fue el último genocidio que se ha cometido; hace bien poco, aquí en nuestro entorno inmediato, en Bosnia-Herzegovina por ejemplo, hemos asistido a masacres guiadas por el mismo espíritu criminal, y por la misma negación del otro, por su diferencia étnica y religiosa. O en Ruanda, centenares de miles de muertos, que previamente también fueron clasificados y dotados de documentos de identidad étnicos, para que fuera más fácil después, localizarles y exterminarles; y en términos comparativos, el genocidio de Ruanda es tan importante como pudo ser la Shoah; o más recientemente en Garfur;
No podemos decir que no sabemos, porque las cámaras de televisión, nos lo enseñan, sin embargo, permitimos; creo que esta celebración no es sólo la lágrima derramada sobre los muertos que fueron, sino la voluntad viva de que nadie más muera en este mundo por pertenecer a un colectivo diferenciado de los otros, por alguna circunstancia cultural, religiosa o histórica, no digo racial, porque ya sabemos que las razas humanas no existen, que sólo hay una que nos une a todos. Creo que es también el momento para decirnos, que no será causando a otros niños el mismo daño que se hizo a los nuestros, como conseguiremos saldar nuestras deudas con la historia, que no será repitiendo agravios como conseguiremos construir un futuro de paz para todos, que será recordando las razones, (¿Se puede decir razones? No), pero al menos las causas que produjeron esa barbarie como conseguiremos evitarlas de nuevo, y la primera, la más importante de las tareas, es mantener viva la memoria, por eso hoy en el Parlamento Europeo, en su hall, había una gran exhibición cinematográfica, no sé si eran los violines se callaron o eran las voces que también callaron, para que los jóvenes, los niños sepan que eso ocurrió, como primer paso para evitar que pueda volver a ocurrir.
Como Presidente del Parlamento Europeo, he tenido que llamar a varios diputados, no diré la atención, hablo más que la atención, iniciando contra ellos acciones legales, porque todavía hay ahora, quien ostentando representación popular, elegidos democráticamente, en instancias, templos de la democracia, como Estrasburgo, se permiten todavía lanzar intentivas de amenazas despreciativas, contra el pueblo judíos. Sí. Todavía. Hoy. Aquí. Ahora.
Y por lo tanto, la lucha eterna contra los demonios que causaron esa maldad, debe continuar desde la formación, la cultura, la enseñanza, el conocimiento, que son las únicas armas de las que tenemos. No bastan seguramente, porque los asesinos, eran cultos, después de matar por lo menos escuchaban a Mozart.
Pero la única fuerza que tenemos, es la fuerza de la sabiduría, que permite evitar esas terribles consecuencias del odio, y por eso creo que, la presencia aquí de niños, es muy bien recibida, no sólo para recordar a los que murieron, que también lo será, sino para sembrar las semillas, de un futuro mejor. Muchas gracias.